Ni tres ni reyes: los magos de Oriente

Reyes magos cartuja valldemossa

En el interior de la sacristía de la iglesia de la Cartuja de Valldemossa se puede observar una de las imágenes más reproducidas durante los días de Navidad en felicitaciones, postales, pesebres y calendarios. Se trata de una pintura en la que se representa la “Adoración de los Santos Reyes. Epifanía”, una iconografía repetida en numerosas ocasiones en el arte cristiano desde la época de las catacumbas, realizada en esta ocasión por la escuela mallorquina del siglo XVI en estilo renacentista. Esta iconografía, de hecho, se utilizó por parte de la Iglesia Católica como una especie de propaganda para demostrar el reconocimiento de la divinidad de Jesús por parte de los pueblos extranjeros, siendo los Reyes Magos los primeros peregrinos cristianos.

Pero la verdadera historia de estos mágicos personajes bíblicos, tan queridos por los niños hoy en día, esconde muchas curiosidades y enigmas, algunos ya esclarecidos y otros todavía sin respuesta.

La historia que la tradición nos ha hecho llegar a nuestros días es bien conocida por todos: los tres Reyes Magos de Oriente, Melchor, Gaspar y Baltasar, siguieron una estrella desde su tierra hasta Jerusalén para adorar al niño Jesús el 6 de enero, nacido pocos días antes, que yacía junto a un buey y una mula con sus padres en un establo en Belén, regalándoles oro, incienso y mirra.

Pero la primera vez que se cuenta el episodio de los reyes, en el Evangelio de San Mateo, la historia se relata de la siguiente manera:

“Unos reyes llegaron de Oriente a Jerusalén preguntando: ¿dónde se encuentra el Rey de los Judíos que ha nacido? Hemos visto su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo”.

Efectivamente menciona su procedencia, la estrella y su condición de magos, pero ni rastro de la fecha en la que los protagonistas llegaron a Belén, ni de sus nombres, ni indicación alguna de que fueran tres, ni siquiera que fueran reyes.

¿Eran los magos sacerdotes persas?

La realidad es que aunque la tradición ha identificado a los magos como reyes, lo más seguro es que fueran sacerdotes persas de Zoroastre (una religión que creía en la llegada de un Mesías anunciada en el cielo). Cabe recordar que la palabra “mago” no tenía en ese momento connotaciones negativas; era la manera como se denominaba a las personas que interpretaban sueños y se dedicaban a la astronomía y astrología. Este era el caso de nuestros personajes de Oriente, motivo por el cual supieron interpretar los fenómenos del cielo que indicaban que alguien muy especial había nacido. De hecho, en las primeras representaciones de los magos, estos aparecen con el gorro frigio, como símbolo de su procedencia oriental.

En un fragmento posterior de la Biblia se dice que los magos regalaron oro, incienso y mirra. El oro simbolizaba la realeza; el incienso, la divinidad del niño; y la mirra (que en aquel momento era el producto más caro de las tres ofrendas recibidas por el niño Jesús con un precio siete veces más elevado que el oro), simbolizaba la futura pasión y muerte de Cristo.

Es posible que la asimilación de las tres ofrendas de los magos con el tiempo derivara también en el nombre de nuestros tres personajes, aunque otras versiones apuntan a que fueron entre dos y doce hombres. El número tres era conveniente por su simbología, porque se relacionaba con las tres edades del hombre y porque se asociaba a las tres zonas conocidas del mundo hasta entonces: Europa, Asia y África (representando a sus protagonistas con fisonomías diferentes). Solo a partir del siglo III se comenzó a relacionar a los magos con reyes, representándolos en las imágenes con coronas y, un siglo más tarde, se les atribuyó también un nombre cuyo significado hacía alusión a su realeza.

Según estudios recientes, es probable que no fuera una estrella la que guió a los Magos de Oriente, sino una conjunción de planetas en la que Júpiter estaría involucrado. También se ha propuesto que fuera incluso una suma de varios acontecimientos astronómicos.

En cuanto a la época de llegada de los magos, como sucede con otras festividades cristianas, la fecha del 6 de enero se tomó para suplantar una anterior fiesta pagana en la que se celebraba el nacimiento de Osiris. Además, cuando llegaron nuestros protagonistas, es muy probable que el niño Jesús ya gateara y no fuera un recién nacido. No obstante, lo más curioso en referencia al momento en el que los hombres de Oriente fueron a adorar a Jesús es que, al contrario de lo que dicta el sentido común, no lo hicieron en el año 0 de nuestra era (el año del nacimiento de Cristo), sino que probablemente lo hicieron el año 5 antes de Cristo.

Sí, Cristo nació antes de Cristo.

Esta paradoja se explica por un error en los cálculos realizados por Dioniso el Exiguo. Este monje erudito recibió el encargo del Papa Hormisdas en el siglo VI de elaborar un nuevo calendario cristiano que marcaría la organización de los años dejando de lado el anterior calendario romano que tenía como punto de referencia el año de la Fundación de Roma. Desgraciadamente, una confusión en relación al tiempo que gobernó Herodes I, junto al olvido del año 0, hizo que la fecha real del nacimiento de Cristo se sitúe unos cinco años antes de la convención actual.

La pintura de la Cartuja de Valldemossa es una buena muestra de cómo la tradición cristiana ha ido transmitiendo esta bella historia de los Reyes Magos a lo largo de los siglos. Puede ser que ahora, conociendo algunos de los misterios que esconde, alguien prefiera poner un planeta en lugar de una estrella en el árbol de Navidad, o doce Reyes Magos en lugar de tres en el Belén.

Publica un comentario