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Las imprentas más antiguas de Mallorca

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A mediados del siglo XV, el orfebre alemán Johannes Gutenberg pasa a la historia como el inventor de la imprenta de tipos móviles, innovación que llegaría a la Península Ibérica dos décadas después de mano de dos de sus compatriotas: Johan Parix de Heidelberg y Lambert Palmart. Por entonces, cualquier imprenta aparecida en los reinos de Castilla y Aragón estaba en manos de profesionales germanos. Tendría que esperarse hasta 1485 para que el invento llegara a Mallorca con una diferencia notable: su responsable, Nicolás Calafat, era mallorquín. Apenas se tienen datos de cómo llegó a dominar la técnica, pero su asociación con el religioso Bartomeu Caldentey fue clave para que, en esa fecha, apareciera la primera imprenta mallorquina en Miramar de Valldemossa.

En 1540 se documenta la segunda imprenta mallorquina: su responsable, el palentino Fernando de Cansoles y Villarroel, estableció su nuevo negocio en las inmediaciones del Estudio General Luliano. En este sentido, cabe destacar que aquellas primeras imprentas se ubicaron muy cerca de universidades y centros religiosos. Pese a que surgieron otros impresores –es el caso del efímero y enigmático Antoni Gener, responsable de la edición de la “Gramática” de Juan Pastrana en 1554– se decía que Villarroel no tuvo rival hasta la aparición de Gabriel Guasp. Sobrino del librero Miguel Navarro, el joven obtuvo la maquinaria y los conocimientos precisos fuera de la isla para, poco a poco, convertirse en una de las empresas más solicitadas del momento. En 1583 publicó su primera obra: la “Syntaxi nova etimologicae novae respondens” de Antoni Bellver.

A partir del siglo XVII aparecieron nuevas imprentas en la isla, siendo la más destacada de ellas la de Pedro Frau. A pesar de ello, ninguna obtuvo el mismo prestigio que la vinculada al linaje Guasp, cuya espectacular colección –una de las completas de toda Europa– se conserva en la actualidad en la Cartoixa de Valldemossa.

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